Gael García Bernal regresa al mundo cinematográfico con Chicuarotes, esta vez como director. Es la segunda vez que Gael dirige una peli después de Déficit, su ópera prima, la cual filmó hace ya más de 10 años. Sin lugar a dudas, en Chicuarotes se nota una gran evolución y una madurez que no se percibía en la cinta pasada, ya que las tomas, la historia (escrita por Augusto Mendoza), los planos y la secuencia se complementan muy bien y logran una experiencia única; en la que García Bernal nos presenta un tipo de tragedia griega situada en San Gregorio Atlapulco, un pequeño pueblo de Xochimilco al sur de la Ciudad de México.

La película se centra en dos jóvenes de dicho pueblo: Cagalera y Moloteco, Chicuarotes que buscan un mejor futuro y alejarse un poco de las circunstancias opresivas en las que viven. Con el propósito de comprar una plaza en la Comisión Federal de Electricidad, la cual cuesta 20 mil pesos y les garantizará un salario de por vida, se adentran en el mundo criminal de la Ciudad de México que cambiará sus vidas para siempre.

En la proyección de Chicuarotes en la Cineteca Nacional, Gael estuvo presente para platicarnos un poco sobre la realización de la peli. Nos contó que nombró así la cinta por que ese es el gentilicio que se usa para llamar a las personas que viven en San Gregorio Atlapulco, además de que la mayoría de los actores son personas originarios del pueblo. Tomaron un taller de dos años que se impartió para la película, y los que no fueron seleccionados apoyaron durante la filmación: unos en iluminación, otros en fotografía. Ahora varios de ellos se dedican al cine.
Chicuarotes es una película que vale la pena ver, con una combinación de comedia y drama que nos profundiza en la situación actual de México.




