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Música

10 covers que debes tener en tu playlist.

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El mundo de la música está lleno de muchos, muchos covers. Algunos mejores que otros, pero sin duda, hay uno para cada gusto musical; inclusive, hay veces que los covers mejoran a la original.

Hoy en HotPost nos dimos a la tarea de escoger 10 de nuestros covers favoritos para que los pruebes y los incluyas en tu playlist de favoritas. Checa la lista:

Pet Shop Boys. Always in my mind.

En esta canción el grupo británico hace un cover a Elvis Prestley. El Rey del rock la lanzó en 1972 y los Pet Shop Boys la interpretaron por primera vez en 1987.

 

Whitney Houston. I will always love you.

Dolly Parton es la cantante original de esta famosa canción, sólo que ella la grabó al ritmo de country. Años después, Whitney la retomó para convertirla en el tema principal de su película “El Guardaespaldas”.

The Fugees. Killing me softly.

La canción original fue compuesta en el año 1971 y popularizada por Roberta Flack (ganó un Grammy por esta grabación) y en el año 1996 Laurin Hill junto a The Fugees grabó la versión que los haría ganadores del MTV Video Music Award al mejor video R&B del año.

 

Natalie Imbruglia. Torn.

La canción popularizada por la australiana es un cover al grupo estadounidense de rock alternativo Ednaswap, quienes la grabaron en 1995. Dos años después, Natalie consiguió llevarse el premio MTV Video Music Award al Mejor Artista a Seguir.

 

 

Cake. I will survive.

El año era 1996 y CAKE tomaba por sorpresa la escena musical alternativa en Estados Unidos con un cover a la famosa canción de Gloria Gaynor. Desde 1978 (año en que se lanzó la canción original) muchas versiones se han escuchado, siendo la de CAKE una de las más memorables.

 

Moenia. Volcán.

A finales de los 90s comenzó un boom en México por los tributos a grandes personalidades de la música. Uno de los primeros fue en 1998: “Un Tributo” donde artistas de la escena musical mexicana coverearon a José José. Moenia logró una versión en donde se conjugaban la nostalgia de la versión original del Príncipe de la Canción con los ritmos electrónicos característicos de la banda.

 

El Gran Silencio. Déjenme si estoy llorando.

Los reyes del Chúntaro style decidieron hacer un cóver a esta canción original de Los Ángeles Negros para la película “Piedras Verdes” allá por el año 2001.

La Sonora de Margarita. Que nadie sepa mi sufrir.

Se ha dicho que en 1992 Margarita, La Diosa de la Cumbia, hizo un cover a “La foulé” de Edith Piaf (lanzada en 1957). Pero la realidad es que la canción “Que nadie sepa mi sufrir” fue escrita en 1936 por Angel Cabral, y popularizada en latinoamérica por Julio Jaramillo en 1951.

 

Molotov. Amateur.

Una versión llena de surrealismo y humor, la canción original fue grabada por Falco y llevaba por título “Rock me Amadeus”.

 

María José. No soy una señora.

Es quizá uno de los más grandes éxitos de la ex-Kabah, y cómo no, si en el fondo todos llevamos una señora dentro. La Cosa grabó su versión en 2009, pero la original se lanzó en 1982 como Non sino una signora, cantada en italiano por Loredana Bertè.

 

Ahora sí, acomódate con un refresco y unas papitas para disfrutar de estas canciones.

Música

“Swiftie” se integra oficialmente al diccionario de la lengua inglesa

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Taylor Swift ha generado un impacto económico superior a los 5 mil millones de dólares solo con su gira “The Eras Tour”. Este fenómeno trasciende la música y ahora alcanza el ámbito lingüístico formal. Recientemente, el término Swiftie entró de manera oficial a los diccionarios más prestigiosos del idioma inglés. Esta incorporación reconoce la identidad cultural de millones de seguidores que han transformado la industria del entretenimiento. De esta manera, las instituciones académicas validan un vocablo que nació en las redes sociales y que hoy define a una de las comunidades más activas del mundo.

El origen de una identidad cultural

La palabra Swiftie describe a los entusiastas seguidores de la cantautora estadounidense Taylor Swift. Ciertamente, el uso constante de este sustantivo en medios de comunicación y conversaciones cotidianas impulsó su análisis por parte de lexicógrafos expertos. Los diccionarios suelen esperar a que un término demuestre longevidad y uso extendido antes de incluirlo en sus páginas. No obstante, la omnipresencia de esta comunidad y su capacidad de organización social aceleraron el proceso de aceptación oficial. Por consiguiente, el término ya no se considera un simple tecnicismo de internet, sino una palabra legítima del léxico moderno.

Asimismo, la inclusión de este vocablo refleja cómo las figuras públicas pueden moldear el lenguaje contemporáneo. Puesto que la artista mantiene una conexión profunda con sus fans, el concepto de ser un Swiftie implica valores compartidos y una narrativa colectiva específica. Esta comunidad destaca por su habilidad para analizar letras complejas, intercambiar brazaletes de la amistad y movilizarse políticamente. Por esta razón, el diccionario ahora define la palabra no solo como un seguidor, sino como un participante de un movimiento cultural global sin precedentes.

Impacto en la sociedad y la industria

La validación lingüística de la comunidad Swiftie también tiene repercusiones en el análisis sociológico de la década. Los expertos consideran que este reconocimiento oficial facilita el estudio de fenómenos de consumo y pertenencia en la era digital. Debido a que el término aparece ahora en fuentes de consulta estándar, su uso en entornos académicos y periodísticos será mucho más frecuente y formal. De igual forma, este hito subraya el poder de las audiencias para definir su propia identidad frente a las instituciones tradicionales.

En conclusión, la llegada de esta palabra al diccionario es un testimonio del legado duradero de Taylor Swift. Finalmente, el mundo del espectáculo celebra este paso, pues demuestra que la música puede romper barreras incluso en la gramática. De esta forma, los seguidores ahora cuentan con un respaldo oficial para el nombre que los une. Solo a través de este tipo de fenómenos se puede observar la evolución constante de una lengua que respira y se adapta a su tiempo.

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